Ivan Cepeda ordena no usar camiseta de Colombia para votar ni en campaña.

En medio de una jornada electoral que debería estar marcada por la participación ciudadana y el fortalecimiento democrático, una nueva controversia volvió a encender el debate político en Colombia. Esta vez, el protagonista fue el senador abiertamente pro palestina y comunista Iván Cepeda, quien expresó su "molestia" por el uso de la camiseta de la Selección Colombia durante las votaciones y pidió explicaciones a la Federación Colombiana de Fútbol.

La reacción del senador generó una ola de críticas en redes sociales y abrió una pregunta que para muchos colombianos resulta evidente: ¿desde cuándo vestir la camiseta del país se convirtió en un problema político?

La camiseta de la Selección Colombia no pertenece a ningún partido, movimiento ideológico o sector político. Tampoco le pertenece al Gobierno, a la oposición ni a ninguna organización electoral. Es uno de los símbolos deportivos más representativos de la nación y durante décadas ha sido utilizada por millones de ciudadanos para expresar identidad, orgullo y sentido de pertenencia.

Sin embargo, las declaraciones de Cepeda parecieron insinuar que el uso de la prenda durante una jornada electoral podría tener connotaciones políticas que ameritan explicaciones institucionales. Para numerosos sectores, esa postura representa una visión preocupante en la que incluso los símbolos nacionales terminan siendo interpretados bajo filtros ideológicos.

La discusión resulta todavía más llamativa si se tiene en cuenta que la camiseta de la Selección ha sido utilizada históricamente en eventos deportivos, reuniones familiares, celebraciones patrióticas e incluso manifestaciones ciudadanas de distintas corrientes políticas sin que ello significara una apropiación partidista.

Pretender convertir una camiseta en un asunto de sospecha política parece desviar la atención de los verdaderos problemas que enfrenta el país. Mientras Colombia atraviesa crisis de seguridad, dificultades económicas y crecientes preocupaciones por el orden público, el debate público termina girando alrededor de si los ciudadanos pueden o no vestir libremente los colores de su selección nacional.

La democracia no se fortalece restringiendo símbolos de identidad colectiva. Por el contrario, se fortalece cuando los ciudadanos pueden expresar libremente su amor por el país sin temor a que cada gesto sea interpretado como una declaración política.

La camiseta de Colombia representa a millones de personas con ideas distintas, creencias distintas y visiones distintas del país. Precisamente por eso su valor es tan importante: porque une donde la política divide.

Quizás la verdadera discusión no debería ser quién usa la camiseta durante una votación, sino por qué algunos sectores parecen incómodos cuando los ciudadanos expresan libremente símbolos que pertenecen a todos los colombianos.

Porque la Selección Colombia es de todos. Y su camiseta también.

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