Aplazarán imputación contra Ricardo Roa? Está de "vacaciones"

La nueva suspensión de la imputación de cargos contra Ricardo Roa no solo retrasa una diligencia judicial: También deja en evidencia una combinación inquietante de formalidades, dilataciones y vacíos de coordinación que terminan debilitando la percepción pública sobre la justicia. El caso, que gira en torno a presuntas irregularidades en la financiación de la campaña presidencial de Gustavo Petro en 2022, vuelve a quedar en pausa por la inasistencia del hoy presidente de Ecopetrol a la audiencia programada.

Lo llamativo no es únicamente el aplazamiento, sino el patrón que empieza a consolidarse alrededor del proceso. Roa ya había sido citado antes y, en esta ocasión, la diligencia judicial se volvió a frustrar tras su no comparecencia, lo que obligó al juzgado a devolver el expediente para reprogramar la audiencia en Paloquemao. En términos prácticos, el mensaje que recibe la opinión pública es que una investigación de alto impacto político y empresarial puede quedar sometida a maniobras de agenda, tiempos judiciales y excusas logísticas que terminan favoreciendo la dilatación.

Desde la óptica institucional, el asunto es todavía más delicado porque el investigado no es un actor secundario. Roa dirige Ecopetrol, la principal empresa del país, y al mismo tiempo enfrenta un proceso penal que toca fibras sensibles de la financiación electoral y del uso del poder en campañas presidenciales. Esa doble condición convierte cada aplazamiento en un problema mayor: La discusión ya no es solo judicial, sino ética, política y de gobernabilidad.

La defensa de Roa ha insistido en que había solicitado con antelación un ajuste de horario por compromisos académicos y laborales, mientras que la Fiscalía ha sostenido que la diligencia debía mantenerse en el tiempo fijado por el despacho. Esa tensión revela un punto de fondo: En casos de esta magnitud, la justicia no puede parecer negociable ni depende de la disponibilidad del imputado. Cuando eso ocurre, se erosiona la autoridad del sistema y se alimenta la idea de que algunos procesos avanzan con un ritmo distinto al del resto de los ciudadanos.

También hay un componente político imposible de ignorar. Roa fue gerente de la campaña de Gustavo Petro en 2022, y por eso su caso no se lee como un expediente aislado, sino como un capítulo más del examen sobre la transparencia electoral en Colombia. Cada aplazamiento prolonga la sombra sobre una discusión que ya lleva meses creciendo y que involucra tanto la financiación de la campaña como otros frentes judiciales que pesan sobre el directivo.

El problema de fondo es que la justicia termina atrapada entre la urgencia mediática y la lentitud procesal. Si bien toda persona tiene derecho a la defensa y al debido proceso, también existe la obligación de comparar y no convertir la agenda personal en una barrera para que el Estado cumpla su función. En casos de alto impacto público, la dilatación no es un detalle menor: Es un costo institucional.

Lo que ocurre con Ricardo Roa deja una lección incómoda para el país: Cuando una audiencia se aplaza por segunda vez, no solo se posterga una imputación; También se posterga la posibilidad de que la verdad procesal avance y de que la opinión pública conozca con claridad qué tan graves son, en realidad, los hechos investigados. Mientras tanto, el desgaste se acumula y la credibilidad de la justicia vuelve a quedar bajo presión.

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