Israel aprueba horca para terroristas: ¿Por qué el silencio ante la pena de muerte en países vecinos?

La reciente aprobación en Israel de la pena de muerte por horca para terroristas convictos de atentados mortales ha encendido el debate global sobre la aplicación de la pena máxima, especialmente en un contexto donde países vecinos aplican castigos capitales de forma rutinaria sin generar el mismo nivel de escrutinio internacional. Mientras la medida israelí genera titulares y condenas, otros Estados de la región ejecutan sentencias similares por delitos como adulterio, apostasía o homosexualidad, pasando mayormente desapercibidos.

El Parlamento israelí dio luz verde a una ley que permite la ejecución por horca a terroristas condenados por atentados que causan múltiples víctimas mortales, una medida impulsada por la derecha dura como respuesta a la escalada de violencia reciente. La norma, aprobada con amplio respaldo, busca disuadir ataques y enviar un mensaje de máxima severidad, aunque su aplicación práctica enfrenta obstáculos constitucionales y judiciales. Organizaciones de derechos humanos ya la critican por romper con la tradición abolicionista parcial de Israel desde 1962.

Sin embargo, el foco internacional sobre esta decisión contrasta con el silencio ensordecedor ante regímenes vecinos donde la pena de muerte es norma cotidiana y mucho más amplia en su aplicación. Irán ejecuta numerosos cientos de personas por delitos como apostasía, consumo de drogas, adulterio o relaciones homosexuales, con métodos que incluyen ahorcamiento público y lapidación. Arabia Saudita aplica decapitaciones por brujería, terrorismo o conducta inmoral, mientras que en Yemen y Siria las sentencias capitales por "crímenes morales" se dictan en tribunales sumarios sin apelación efectiva.

En países como Líbano, Jordania y Egipto, la horca y el fusilamiento persisten para traición, espionaje o delitos sexuales, aunque con menor frecuencia. Esta disparidad genera preguntas legítimas: ¿por qué una pena de muerte específicamente contra terroristas genera más controversia que ejecuciones masivas por motivos religiosos o sexuales en la misma región? La respuesta parece radicar en percepciones políticas: Israel, como democracia occidental, enfrenta estándares más altos de escrutinio, mientras regímenes autoritarios operan con relativa impunidad mediática.

La doble vara de medir no es solo percepción. Amnistía Internacional y Human Rights Watch documentan millas de ejecuciones anuales en Oriente Medio, pero las campañas contra Israel suelen ser más viscerales y mediáticas: El progresismo global critica duramente a Tel Aviv mientras minimiza violaciones sistemáticas en Teherán o Riad. Si el argumento es la defensa de la vida humana, debería aplicarse sin excepciones geográficas.

El debate trasciende la pena capital: revela cómo los derechos humanos se instrumentalizan en función de alianzas políticas. Israel argumenta autodefensa en un entorno hostil; sus críticos ven barbarie. Los vecinos, mientras tanto, ejecutan sin complejos y sin boicots. Colombia, abolicionista desde 1910, observa este contraste como recordatorio de que la coherencia ética no siempre guía el discurso internacional.