El próximo domingo Colombia elegirá un nuevo Congreso y, con él, redibujará el mapa político que acompañará al gobierno de turno y a quien gane la presidencia en 2026.
No solo se trata de llenar 108 curules en el Senado y 188 en la Cámara de Representantes, sino de definir qué fuerzas tendrán la capacidad real de impulsar reformas, bloquear proyectos o negociar cada decisión clave del país. En la práctica, lo que ocurra este fin de semana marcará el tono de la política colombiana durante buena parte de la próxima década.
Las encuestas difundidas en las últimas semanas muestran un patrón consistente: ningún partido está cerca de lograr una mayoría propia. Lo que se perfila es un Congreso fragmentado, en el que dos o tres fuerzas grandes se disputan la primera minoría y una constelación de partidos medianos y pequeños completa el tablero. Esto significa que, gane quien gane, la palabra clave de los próximos años será “coalición”: sin acuerdos amplios, pocas reformas de fondo lograrán avanzar.
En la parte alta del tablero aparecen dos grandes bloques que concentran la atención: por un lado, el sector de izquierda y centroizquierda agrupado alrededor de proyectos como el Pacto Histórico; por el otro, la derecha representada principalmente por el Centro Democrático y aliados ideológicamente cercanos. Las mediciones de intención de voto sugieren que ambos podrían liderar la votación para Senado, disputándose el primer lugar en curules, aunque sin superar por sí solos el umbral de una mayoría cómoda. La diferencia podría estar en pocos puntos porcentuales.
Detrás de estos dos polos, los partidos tradicionales —Liberal, Conservador, La U— siguen teniendo un peso importante, sobre todo gracias a su maquinaria regional y a liderazgos locales muy enraizados. Es probable que cada uno conserve bancadas significativas, incluso si no ocupan los titulares como antes. En la práctica, estas colectividades pueden convertirse en los árbitros de muchas votaciones: sumadas a uno u otro bloque, pueden inclinar la balanza a favor del gobierno o de la oposición.
Las fuerzas de centro y los proyectos alternativos enfrentan un reto distinto. Partidos verdes, movimientos ciudadanos y nuevas etiquetas electorales luchan por no diluir el voto de opinión. Su desempeño será clave para saber si el Congreso tendrá un centro fuerte capaz de mediar entre extremos o si, por el contrario, quedará dominado por una confrontación directa entre gobierno y oposición dura. En muchos casos, unas pocas décimas de porcentaje pueden determinar si un partido logra o no la representación mínima para sobrevivir.
En la Cámara de Representantes, donde la competencia es por circunscripciones territoriales, el peso de barones electorales, alianzas locales y listas regionales hace que el panorama sea aún más fragmentado. Allí puede ocurrir que partidos relativamente discretos a nivel nacional logren bancadas fuertes gracias a su trabajo en regiones específicas. Esto augura una Cámara muy diversa, con representantes que llegan con agendas locales fuertes y, en algunos casos, muy poco alineados con las direcciones nacionales de sus partidos.
Si se cruzan todas estas tendencias, emerge un escenario probable:
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Un par de fuerzas grandes que encabezan la votación pero sin mayoría.
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Varios partidos tradicionales con bancadas intermedias que se convierten en bisagra.
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Un grupo de partidos pequeños y nuevos que, aunque suman pocas curules, pueden ser decisivos en proyectos ajustados.
En ese contexto, el gobierno que resulte respaldado por este Congreso tendrá dos opciones: construir una coalición programática, basada en acuerdos claros y reformas priorizadas, o navegar a punta de acuerdos coyunturales, cuota a cuota, proyecto a proyecto. Lo primero genera gobernabilidad; lo segundo, inestabilidad y sensación permanente de campaña.
Para el ciudadano, la elección del domingo no es solo un trámite previo a las presidenciales. Cada curul que se define ese día impacta directamente la posibilidad de que se aprueben o se frenen reformas en temas como salud, pensiones, educación, seguridad o reformas políticas. Por eso, entender qué partidos tienen opciones reales, cómo podrían agruparse y qué proponen para el país es tan importante como mirar los nombres de las listas.
En suma, el próximo Congreso tiene altas probabilidades de ser diverso, fragmentado y obligado al diálogo. La pregunta que queda abierta es si esa diversidad se convertirá en una oportunidad para acuerdos más amplios y representativos, o si terminará en un tablero ingobernable donde cada reforma se juegue como una batalla aislada.
Así las cosas y con base en la proyección más concreta disponible (Guarumo EcoAnalítica, citada por La FM), este es el listado de curules proyectadas al Senado por partido.
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Pacto Histórico: 20 curules
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Centro Democrático: 17 curules
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Partido Conservador: 15 curules
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Partido Liberal: 15 curules
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Alianza Verde: 9 curules
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Cambio Radical + ALMA (coalición): 8 curules
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Partido de la U: 7 curules
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Nuevo Liberalismo + MIRA (coalición): 6 curules
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Frente Amplio Unitario: 3 curules
Según esa misma medición, no alcanzarían el umbral y se quedarían sin curules: Salvación Nacional, Creemos, Fuerza Ciudadana, Oxígeno Verde, Patriotas, Con Toda por Colombia y Colombia Próspera (aunque sumarían alrededor de 1,38 millones de votos entre todos).
